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El sistema recompensa a los elementos que mejor le sirven, en un aspecto concreto, con lo cual genera competencia. Además no discrimina entre los que han creado y los que han copiado. El sistema sólo recompensa respondiendo a la utilidad, la eficacia y la eficiencia.
Esto supone un problema superable, creo yo, cuando podamos establecer vínculos entre nuestros actos y nuestros objetivos y podamos recorrer en la realidad el camino que nos conduce a ellos. Tal vinculación ha de partir del propio individuo, que ha de establecer una señal emocional que represente el objetivo que busca y luego seguir su rastro simbólico concreto durante un recorrido que finalice en la obtención de la recompensa. El espacio-tiempo material es también una realidad mental (espacio objetivo-subjetivo) por el que se puede transitar, y es a través de esa vertiente que se ha de marcar el rumbo.
No obstante, consolidar ese paso implica comprender y ser capaces de expresar las fórmulas simbólicas que permitan realizar tales recorridos. Para ello, la comprensión del sistema se vuelve básica. El desarrollo de un modelo del sistema pasa por entender sus elementos esenciales.
El sistema no recompensa, sino que se transforma y se mejora con la acción de sus elementos. El sistema forma parte del juego y actúa en el mismo espacio que los otros elementos y busca su propia recompensa. Así pues el sistema global, se compone de “juegos de rol” concretos. Cada juego, como sistema tiene su objetivo y actúa sobre sus elementos. Cada elemento, así mismo busca en el juego su propia recompensa. Los juegos se interrelacionan y allí donde un elemento favorece el juego, consigue “información de nivel” para conseguir su recompensa en otro “juego relacionado”.

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